El mundo laboral presenta grandes retos, absorbe buena parte de nuestro tiempo y energías, invertimos recursos para dotarnos de conocimientos y desarrollar habilidades que nos permitan estar cerca del “éxito” laboral o profesional y tratamos de mantener un CV actualizado. Sin embargo, en este proceso de crecimiento profesional o laboral podemos pasar por alto la actualización de nuestro interior, dejando de lado, el fortalecer a quien estará con nosotros toda la vida: nosotros mismos.
¿A qué me refiero con esto? A que algunas veces vivimos, a pesar de los tropiezos y sueños no alcanzados, bajo esquemas que suelen no funcionar y que lejos de catapultarnos hacia adelante nos anclan, nos limitan, nos estorban y con gran frecuencia dañan nuestras relaciones interpersonales. Tratamos de justificar ante los demás y ante nosotros mismos aquellos conflictos que no hemos logrado superar y con ello creemos que evadimos la responsabilidad de nuestras actitudes y acciones, aunque éstas hayan lastimado a los demás.
Hay personas que se explican así mismas o se excusan bajo el argumento de “Así soy yo”, “Así me hicieron”, “es que no sé actuar/reaccionar de otra manera”, “es que de chica (o) mi papá/mi mamá/ mi hermana (o)/ mi abuelo (a) me…”. Hay personas que se enorgullecen de saber lastimar a los demás cuando se enojan o pierden el control, y entonces son “certeras” para destruir al otro.
Es muy triste ver que la gente vive bajo los efectos de un conflicto interno mal resuelto o que se resigna a vivir bajo los mismos esquemas aprendidos en la niñez por desconocerse –y es que a veces ni nos damos cuenta- y por ignorar que la transformación es posible. Es aún más lamentable que nuestra basura emocional la compartamos con los demás y les hagamos vivir los efectos de nuestros conflictos y limitaciones.
La propuesta es entonces, observa qué parte de tus actitudes o acciones te generan problemas y trabaja en ellas -considéralas un desafío personal-, no recibirás un certificado pero puede ser que empieces a ver cambios positivos en tu vida. Decide las partes de ti que te gustaría fortalecer y provéete de herramientas que te conduzcan a tus metas, incluido el bienestar. Si es necesario busca ayuda, en muchas ocasiones solemos saber qué es necesario cambiar pero no sabemos cómo.
Afortunadamente, infancia no es destino y somos seres en evolución, el asunto está en encontrar el punto de cambio e intentarlo. Tal vez no sea fácil, ni rápido, pero al menos estarás en camino a ser una mejor versión de ti mismo.
* Débora Buiza es terapeuta y especialista en desarrollo humano
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