Padres de Adriana Morlett confirman la muerte de la joven

“Los restos encontrados en el Ajusco, en diciembre de 2010, sí son de mi hija”, aseguró Javier Morlett, visiblemente afectado y cansado.

Antropólogas argentinas, que colaboraron con las autoridades mexicanas, confirmaron lo que Javier y su familia no querían escuchar: “Mi hija… mi hija muerta”, musitó Morlett.

“No me siento bien, estoy muy triste, pero también frustrado y muy enojado. Se perdió tiempo valioso en su búsqueda”, dijo.

“Ni siquiera hemos salido a ningún lado. Aún estamos en pijama. No hemos hablado con nadie de esto. Haremos 3 misas, una aquí en la Ciudad de México y 2 más en Acapulco”, adelantó Adriana, madre de la joven desaparecida.

El 6 de septiembre del año pasado, en punto de las 18:00 horas, Adriana Morlett recibió una llamada: Era su amigo, Mauro Alberto Rodríguez, estudiante de psicología de Ciudad Universitaria. No contestó.

Hora y media después, Adriana siguió en su departamento, ubicado en la calle Medicina y le dijo a su hermano Javier: “Ahorita vengo, voy a la biblioteca rápido, no tardo”.

-No olvides que a las 8 y media vienen a ver una película mis amigos -le respondió Javier.

Adriana llegó en pocos minutos a la Biblioteca Central de Ciudad Universitaria en la Ciudad de México.

La grabación es del 6 de septiembre, fecha de la desaparición de Adriana Morlett, estudiante del tercer semestre de la carrera de arquitectura. El reloj de la cámara marcó las 7 de la noche con 25 minutos, hora en que Adriana entró a la biblioteca mientras se quitó una chamarra azul; con el cabello suelto, un suéter color rosa, pantalón de mezclilla, y un morral.

El reloj marcó las 19:27 y se observa en el video que Adriana recibió otra llamada: eran de un insistente Mauro Alberto. Siete minutos después recibió otra llamada del celular de Mauro Alberto y fue cuando ella decidió responder que estaba en el primer piso de la biblioteca.

A las 19:33 Adriana colgó su celular y solicitó a préstamo el libro “Arquitectura, teoría y diseño de contexto”, de Enrique Yañez.

“Mi hija vio a Mauro Alberto afuera de la biblioteca. Él se negó a darnos más información. Lo único que declaró es que ella se ofreció acompañarlo a su departamento, en avenida Aztecas. Que una vez que llegaron, él sólo aventó su mochila y la encaminó a tomar un taxi”, narró Javier.

Mauro Alberto siempre se negó a apoyar al padre de Adriana en su búsqueda, a pesar de que nunca hubo una acusación directa de parte de la familia Morlett y aún y cuando fue el último que la vio con vida.

“Yo jamás lo he acusado de nada. Sólo le he pedido que nos ayude a encontrarla”, fueron las palabras de Javier.

Días después, aquel libro que Adriana pidió en préstamo aquel 6 de septiembre, misteriosamente apareció en una mesa de la biblioteca.

Ante la falta de resultados por parte de las autoridades capitalinas, el caso Morlett fue atraído por la SIEDO. “Hay líneas de investigación, pero aún nada, no se sabe nada”.

Anoche, a través de un boletín de prensa, firmado por la Coalición contra el tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe, se confirmó que parte de los restos óseos encontrados en diciembre de 2010 en Tlalpan -zona del Ajusco- corresponden a la joven Adriana Morlett Espinosa.

La familia emitió un comunicado, donde expresaban su profundo dolor y exigían continuar con las investigaciones sobre el crimen.

Fuente: Excélsior