Penes dulces para las solteras en Portugal

En un pueblo pequeño de Portugal, llamado Amarante, existe una tradición poco usual para lo que están acostumbrados nuestros ojos, que es la creación de penes dulces y grandes, que por lo general miden más de un metro.

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Estos inusuales panes, hechos de manera sencilla con harina y azúcar, se llaman bolos o quilhões de São Gonçalo, aunque también se les conoce como “carajitos”. Su función es de conquistar a las mujeres solteras, quienes lo reciben como regalo de parte de los hombres que pretenden salir con ellas.

Normalmente aquellas costumbres relacionadas con la exhibición de genitales se asocian a épocas precristianas y a rituales de fertilidad, pero en el caso de esta tradición de Amarante, parece basarse en una leyenda. Según ésta, un hombre religioso llamado Gonzalo, que supuestamente vivió entre los siglos XI y XII, casaba a parejas que la Iglesia rechazaba porque ya habían convivido juntas antes. Así que fungió como casamentero, pero también como sanador de la impotencia masculina.

Hoy, además de conquistar a las solteras, estos panes sirven como ofrenda al beato Gonzalo. Y, aunque durante la dictadura de Salazar estuvieron prohibidos por considerárseles obscenos, ahora incluso los puedes encontrar a lo largo del año, como un bizcocho más de la panadería.

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