Quickysexypedia Cachondeando la negociación o romancing the talk

–¿A poco te conformas con tu marido? –preguntó aquel imberbe mozuelo 10 años más joven que Rebeca, tratando de pasar de un sencillo agarrón de cintura a bajar la mano hasta su trasero.

–¿En qué sentido? –dijo Rebeca moviéndose del avance.

–¿A poco no se te antoja coger con alguien más? –le dice aquel peladillo retomando posición pero con más fuerza en el agarre.

La conversación salió al caso porque Rebeca le contaba a aquel chamaquín que tenía quince años emparejada con su novio de los veintes y seguían teniendo una buena relación, después de haber pasado muchas cosas juntos y que, es más, seguían teniendo buen sexo.

El mozalbete no lo podía creer e interrogaba a Rebeca, tratando de hacerla caer en una contradicción y sobre todo tratando de convencerla de una incipiente infidelidad con él, porsupuesto.

–Pero, no te aburres después de conocer a una persona y coger solamente con ella por 15 años. No, no, no lo puedo creer. ¿Pero tienes tus amantes no? ¿Has tenido tus calentones? –Le dice mientras le soba ricamente el derriere.

–Nop, –contestó Rebeca, ya a medios chiles tambaleándose un poco pero dejándose querer en aquella fiesta a la que acudió sola por primera vez, porque su pareja decidió quedarse a descansar en casita y ver sus pelis.

–No es que no se me antoje… mmmm, es que tengo mi líbido puesta en mi pareja y no quiero traicionarlo, para mí es muy importante la fidelidad.

–¿ahhhh, no mames y estás segura que él piensa igual?, ¿estás segura que él en quince años no te ha puesto el cuerno? (cachondeándole el cuello ahora ante el rechazo por la parte baja).

–No, pus segura no estoy, igual y sí, pero eso no quiere decir que yo lo haga. Cada quien hace su pacto consigo mismo, si él decide engañarme, se engaña solito. Mi fidelidad es con mis convicciones y así lo he decidido. ¿Por qué me lo preguntas? ¿Me quieres coger y me estás tratando de convencer? (zafándose de la caricia que sí la prendía).

–Puede ser… –se sonroja el inocuo y aprieta su trago, servido en un vaso de plástico, a punto de reventarlo. ¿No se te antoja? (ya temeroso de meter mano por algún lugar pero demasiado cerca de la boca de Rebeca).

–Mira, amiguito aquí la única diferencia entre tú y yo es que nos estamos calentando y tú te vas a ir a tu casa a jalártela durísimo, pero yo voy a llegar a mi casa a cogerme a mi maridito y a dormir abrazadita, ¿cómo ves?

–Ja, ja, (ajem) pues sí creo que tienes razón en eso de llegar a jalármela y es lo que no quiero. La neta que estás re buena pero… a ver, a ver ¿cuántos años tienes?

– Treinta y cinco ¿por? –dice Rebeca retándolo.

–Uy no, mi tope es 34 sólo 10 años más grande que yo. No estás en mi target.

–Jaaaaaa –dice Rebeca– pues que lástima verdad, no se nos hizo– Y se dio la vuelta dando traspiés para buscar a quien le iba a dar un raite a su casa porque ya eran las 6 de la mañana.

Un año después Rebeca se separó y lo primero que le vino a la mente cuando se concretó la negociación de rompimiento fue: carajo, le hubiera dicho que sí al pendejo aquel. Pésima negociación.