Quickysexypedia, Sumisión en la oficina

Time is money, y un error de la sexy secretaría tendría que ser castigado impunemente entre los archivos y libreros.

Ante la pasión que mostraba aquel enojado mando superior no hubo más que improvisar en dónde entregarse a las manos de Satán. El rol de la secretaria caliente no le salía muy bien a Claudia pero decidió seguir el juego y mostrarse sexy y sumisa ante su exigente “jefe”. El traje sastre con la falda de tubo, el saco entallado en la cintura, la camisa blanca desabotonada al borde del desastre parecían dar lo esperado y las botas altas de tacón de aguja hacían el resto.

Con el pelo recogido estrictamente y los lentes, Claudia preguntaba a su “jefe” en qué se había equivocado mientras mordía coquetamente un lápiz aguantando la risa del papelón. Su actuación no era buena, digna de telenovela, pero la sumisión, aunque fuera fingida, sí pegaba. El “jefe” entró totalmente en papel mostrándose exigente y enojado con los errores (misteriosos) de su secretaria. Le reclamaba un tanto sobreactuado que lo que había hecho era intolerable y necesitaba un correctivo.

Claudia había accedido a actuar la fantasía de la secretaria cuando en una noche de copas los dos hablaron de qué fantasía les ponía hornys. Con pena el “jefe” confesó que siempre había querido castigar a una secretaria y le pidió a Claudia que un día que estuviera de humor entrara a su oficina en el rol de la secre. A cambio Claudia le pidió ruborizada a su pareja, que un día por favor actuara de policía para seducirlo (ja, ja). Los dos no volvieron a hablar del tema pero quedó como tarea pendiente.

Fue por lo anterior que Claudia entró en papel ese día. Cuando su “jefe” habló del castigo estuvo a punto de echarse para atrás y decir que ya no jugaba pero pensó que podía parar el montaje en cualquier momento y se dispuso a ser “castigada”.

El jefe le quitó su libreta y la puso contra la pared de espaldas a él, subió los brazos de Claudia y la inmovilizó cuando ella trató de moverse. Le pidió que se quedara en esa postura a toda costa. Claudia empezó a temblar involuntariamente, nunca había visto así a su castorcito inocente, no sabía cómo actuar y decidió quedarse quietecita. El “jefe” bajó poco a poco sus medias y después la entubada falta dejándola en choninos, botas y saco.
Después se dedicó a besarla desde el primer centímetro de su cuerpo (de abajo pa’ arriba) ordenándole no moverse y contra la pared. Al llegar a medio cuerpo le quitó el saco y la blusa dejándola en bra, chón y botas totalmente vulnerable, y un tanto apenada, mientras le lengüeteaba y le mordía la espalda. Claudia se retorcía de placer pero él no le permitía moverse ni voltearse. Mientras la besaba le dio una buena nalgada a la que ella estuvo a punto de protestar pero se distrajo sintiendo cómo rápidamente se mojaba.

El “jefe” hizo lo que quiso con el cuerpo de la trasgesora durante el tiempo que así lo decidió y después empezó a meter la mano bajo el famoso chón, acariciándola con lentitud mientras besaba su espalda, su cintura, su trasero y le daba sus nalgadas. Claudia seguía con las manos sobre la pared sin desobedecer y en posición. El jefe la regañó por mojarse mientras él la sometía y la pobre no pudo más que tener un gigantesco orgasmo, sintiendo una energía poderosa por su cuerpo. ¡Wow, me gusta obedecer!, pensó después de gritarle al jefe que le diera su merecido y que era la peor y más tonta secretaria del mundo. El castigante la volteó, se deshizo del chón, jaló una silla en la que se sentó y la obligó a sentarse en su regazo. Los dos en un abrazo oficinil tuvieron una de las mejores tardes de asueto rodeados de papeles y del sonido electrizante de las frías máquinas trabajando. Time is money y la secretaría tendría que pagar sus errores. El jefe se encargaría de darle su merecido cada vez que ella quisiera tener un garrafal error. Claudia adoptó para ella la fantasía de sumisión.