Zunduri sana heridas, ‘contaría mi historia mil veces’

Hasta que se ha asegurado que la niña de 12 años es recibida como se debe, Zunduri se presenta, se sienta en el patio y avisa que está lista para conversar. “¿Por cuál de las cosas buenas que me han pasado empezamos?”

Una casa nueva, de dos pisos y dos recámaras, en el Estado de México. Una beca para terminar la preparatoria y la universidad en cualquier institución, pública o privada, que ella elija. Una computadora con un costo aproximado de 30 mil pesos para que se ponga al corriente en sus estudios. Una colección de libros. Una paca con ropa de moda que gustaría a una chica en sus veintitantos. Son sólo algunos de los regalos de benefactores anónimos que Zunduri ha recibido desde que recuperó su libertad y compartió su historia en medios de comunicación.

“Cuando salí de la tintorería, quise hablar de lo que me pasó porque la gente debe saber que esto pasa, que no está bien, no es normal. Las víctimas existimos y si no alzamos la voz es como si siguiéramos invisibles. Pero pensé que sería contar mi historia y ya, luego me dedicaría a rehabilitarme sola… pero estoy sorprendida con lo que pasó en esos días”, dice, mientras alisa su ropa nueva con las manos.

Todo pasó muy rápido, recuerda: en los días siguientes a su rescate, un gran día para Zunduri consistía en comer o beber algo con chocolate a todas horas. Estaba obsesionada con el sabor a cacao y nadie le impedía engullirlo, porque urgía que subiera de peso. Pero a partir de que contó su historia y la noticia recorrió México y el mundo, la definición de “un gran día” escaló hasta al cielo.

“Después de la entrevista con ustedes, la gente empezó a buscarme. Mandaban correos, llamaban abogados, empresarios, gente que quería mandarme cosas, apoyarme. La fundación (Comisión Unidos contra la Trata) me ayudó mucho, la fiscalía también, muchísimo. Nunca pensé que hubiera tanta gente buena que quisiera apoyar a cambio de… nada”.

“¿Te conté que ya viajé en avión y que pasé mi cumpleaños en Argentina?”.

Casi 48 horas después de esa primera entrevista que dio Zunduri, publicada en El Universal , un empresario con identidad secreta le pagó un boleto de avión viaje redondo, hospedaje y comidas para que participara en el Encuentro Mundial de Jóvenes contra la Violencia y la Esclavitud, una reunión de activistas y víctimas de trata de personas que se llevó a cabo en Buenos Aires, Argentina, del 6 al 11 de mayo pasado. Y como el 9 de ese mes Zunduri cumplió 23 años, su celebración fue con un pastel y escuchando tangos en el país sudamericano.

“Yo jamás me había subido en un avión. Nunca. La verdad, sí estaba nerviosa”, dice, y suelta una risotada. “Ay, es que luego se movía muy feo el avión. Pero me gustó mucho, ¡ah, y me lo pagaron en primera clase!”.